Sánchez inicia su cuarta visita a China con un mensaje de autonomía exterior en medio de tensiones con EE UU

Pedro Sánchez ha llegado a China para una visita de tres días —la cuarta en cuatro años— con la que reafirma la apuesta de Madrid por una política exterior más autónoma, en un momento de tensiones con Estados Unidos. El viaje se produce tras las críticas del presidente estadounidense, Donald Trump, a España por el gasto en defensa y por su posición durante el conflicto con Irán.
España se ha situado entre los defensores más firmes en Europa de ampliar el comercio con China, a la que ve como socio estratégico más que como rival. Ese enfoque, que se aleja de la postura de Washington, ha despertado inquietud entre empresas y figuras de la oposición, que temen consecuencias económicas si empeoran las relaciones transatlánticas.
Estados Unidos sigue siendo el mayor inversor extranjero en España, con lazos comerciales relevantes en sectores clave. “Estados Unidos es el principal inversor extranjero en España”, advirtió Ramón Gascón Alonso, coordinador para Asia-Pacífico del Club de Exportadores e Inversores de España.
“Contamos con un volumen significativo de comercio con Estados Unidos en sectores centrales para nuestra economía, absolutamente vitales”. Desde la oposición, una fuente de alto nivel pidió evitar nuevas críticas a Washington durante la gira, al alertar de que podrían poner en riesgo la unidad de la OTAN y la presencia militar estadounidense en España.
En el otro lado, el embajador de China en España, Yao Jing, celebró el acercamiento: “España es más razonable al tratar con China. Tiene su propio juicio, sus propios intereses, quiere acceso a los mercados chinos. Así que hacemos negocios”.
La inversión china en España ha crecido con fuerza: las empresas chinas invirtieron 643 millones de euros en 2025, frente a 149 millones el año anterior, y el total acumulado entre 2010 y 2025 alcanzó los 9.700 millones, principalmente en industrias extractivas y el sector energético.
Durante la visita, Sánchez tiene previsto reunirse con el presidente Xi Jinping, el primer ministro Li Qiang y el máximo legislador, Zhao Leji. Su agenda incluye un banquete formal ofrecido por Xi, una visita a la sede de Xiaomi, la celebración de un foro empresarial con compañías españolas y chinas de energía, infraestructuras, biociencia y tecnología, y un discurso en la Universidad de Tsinghua.
Madrid confía en que la gira contribuya a reducir un déficit comercial que en 2025 rozó los 50.000 millones de dólares, tras más que duplicarse en cuatro años. El foco pasa por impulsar exportaciones agroalimentarias y manufactureras para equilibrar el elevado nivel de importaciones chinas.
No se esperan grandes acuerdos y Sánchez no viaja acompañado de una delegación empresarial. Aun así, los responsables españoles buscan cerrar un acuerdo de regionalización para reabrir exportaciones de aves afectadas por la gripe aviar, siguiendo el precedente que protegió las ventas de porcino durante el reciente brote de peste porcina africana.
El telón de fondo es una coyuntura internacional enrarecida. Trump anunció un bloqueo de la Armada de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz, acusando a Irán de no mantenerlo abierto y de cobrar peajes a los buques. El ejército estadounidense hará cumplir el bloqueo a todos los barcos que entren o salgan de puertos iraníes, una medida que entraña riesgos de escalada y de encarecer el petróleo a escala global.
Expertos dudan de su viabilidad y alertan de que podría provocar a Irán y a China, además de amenazar el frágil alto el fuego en la región.
