Rezumaderos de crudo en Barrancabermeja evidencian vacío legal sobre su manejo

En El Centro, corregimiento de Barrancabermeja, el petróleo no solo se extrae: en varios puntos brota solo, se queda en la superficie y corre por los huecos de la tierra. Para sus habitantes, que llevan más de un siglo ligados a la actividad petrolera, convivir con esos rezumaderos se volvió rutina.
También, motivo de miedo. El 15 de marzo, la Alianza Colombia Libre de Fracking emitió una alerta por la presencia de crudo extendido cerca de la estación 6 del campo La Cira-Infantas —el más antiguo del país— y por las afectaciones observadas en la zona.
Según la organización, hallaron evidencia de contaminación del suelo y del aire, y de impactos en la fauna; además, reportaron una mancha que se esparce sobre una amplia área y un punto donde el petróleo se concentra. La Alianza preguntó a las autoridades ambientales qué acciones existen para contener el tránsito del crudo y remediar la afectación.
Para los vecinos, el rezumadero lleva años activo. “Eso tiene rato de estar ahí. Aunque uno sabe que en ese punto el petróleo sale de la tierra, no deja de dar miedo. Ahí solo limpian, pero no pasa nada. Vivimos viendo cómo el crudo sale y contamina”, relató Luis Francisco Cisneros, residente del sector.
En la zona se afirma que estas filtraciones han dejado huellas en el suelo, han afectado el agua y la fauna, y mantienen en alerta a la comunidad. Ecopetrol sostiene que lo que ocurre es un fenómeno natural y que en Colombia no hay reglas claras sobre quién debe asumir su manejo.
William Elías Ramírez, ingeniero de petróleos de la coordinación de ingeniería de subsuelo de la Regional Central, explicó que se trata de rezumaderos: filtraciones naturales de hidrocarburos que siguen vías de migración hasta la superficie, donde el crudo se degrada y pierde valor comercial, por lo que no es apto para llevar a la refinería.
La compañía afirma que realiza contención de estos afloramientos, pero subraya la falta de lineamientos nacionales específicos para su gestión. La combinación de un fenómeno natural persistente y un vacío regulatorio mantiene a El Centro en una zona gris: las comunidades conviven con el riesgo ambiental, las organizaciones exigen respuestas, y la empresa señala la necesidad de reglas claras.
Por ahora, las autoridades están llamadas a definir si habrá medidas para contener y remediar estos rezumaderos, mientras en el terreno el petróleo sigue aflorando.
