Petro propone un referendo para convocar una Constituyente y reabre el pulso político en Colombia

La propuesta del presidente Gustavo Petro de impulsar un referendo ciudadano para abrir la vía a una Asamblea Nacional Constituyente ha reactivado el debate político en Colombia sobre el futuro de la Constitución de 1991. El mandatario insiste en que no busca sustituir la carta fundamental, sino fortalecerla con dos capítulos adicionales orientados a reformas sociales y al sistema político.
Petro ha reiterado su respaldo a comités ciudadanos que, según dijo, están recogiendo firmas para presentar al Congreso la petición de convocar la Constituyente. Anunció que, si se alcanzan al menos cinco millones de firmas, presentará oficialmente la propuesta el 20 de julio.
Desde la oposición, las críticas no se hicieron esperar. Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, expresó escepticismo sobre que una nueva constitución resuelva los problemas de fondo del país y sostuvo que “los problemas de Colombia se solucionan gobernando”, no reescribiendo textos.
A través de sus redes, subrayó que la violencia y la falta de paz persisten pese a acuerdos y normas previas. En la misma línea, Abelardo De la Espriella, aspirante por Defensores de la Patria y también avalado por Salvación Nacional, rechazó modificar la Carta del 91.
Señaló que, de llegar a la presidencia, “defendería la Constitución de 1991” y no permitiría “ese parapeto”, al que calificó de ilegal y peligroso para la democracia. Desde una postura más centrista, Sergio Fajardo consideró especialmente grave que el presidente impulse un referendo que, a su juicio, podría condicionar la agenda de futuros gobiernos.
Advirtió sobre el riesgo de una confrontación social si el proceso se interpreta como herramienta política o estrategia para prolongar la permanencia de Petro en el debate nacional, y remarcó que una asamblea constituyente no debe dividir al país ni manipular el rumbo electoral.
Entre los aliados del Gobierno, Iván Cepeda, candidato oficialista, defendió la convocatoria y la enmarcó como “una revolución pacífica” impulsada desde la ciudadanía. En manifestaciones recientes, resaltó el “poder constituyente” como fuerza transformadora y vigilante, con lo que buscó reforzar la legitimidad popular de la iniciativa.
Con posiciones claramente polarizadas, el foco inmediato estará en la recolección de firmas y en si se alcanza el umbral fijado para que la propuesta llegue al Congreso en la fecha señalada. Hasta entonces, el debate sobre una posible Constituyente promete dominar la agenda política.
