La Semana Santa de Sevilla une fe, tradición y emoción en una España menos creyente

Cada primavera, durante una semana, Sevilla se transforma. El azahar se mezcla con el incienso, los tambores retumban, las cornetas se elevan y los pasos dorados, coronados por imágenes realistas y flores, avanzan sobre el empedrado. Es la Semana Santa, un despliegue de penitencia y teatralidad que conmueve incluso a quienes no comparten el mensaje religioso que la inspira.
Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, el centro histórico se llena hasta rebosar. Llegan sevillanos de barrios y pueblos cercanos, y también visitantes de otras partes de España y del extranjero. A lo largo de la semana, 61 hermandades recorren el itinerario oficial hasta la Catedral gótica de Sevilla y regresan a sus parroquias.
En trayectos icónicos, la Hermandad de San Gonzalo cruza el puente de Isabel II camino del templo mayor, mientras los costaleros cargan sobre sus hombros los pesados pasos y los penitentes avanzan en silencio. Para muchos vecinos, estas procesiones son profundamente sagradas.
“La Semana Santa significa una expresión de fe”, explica Maite Olivares. Ella la expresa con la saeta, un cante flamenco a capela, a menudo improvisado, dedicado a Jesús y a la Virgen. “Es algo tan íntimo y tan explosivo”, dice, describiendo la mezcla de emociones que la atraviesan al cantar.
“Es una implosión de todo en una sola expresión”. El pulso religioso del país, sin embargo, ha cambiado. Hace medio siglo, poco después de la dictadura de Francisco Franco, alrededor del 90% de la población se identificaba como católica. Hoy esa cifra es del 46%, según la encuesta más reciente financiada por el gobierno.
Aun así, la Semana Santa mantiene su fuerza cultural. María Ángeles Bermudo no se considera atea, pero tampoco se define como religiosa; sin embargo, las procesiones la conmueven. “Me emociono como si fuera algo religioso”, afirma. Las imágenes de los cortejos están cargadas de símbolos.
Los penitentes, con sus capirotes cónicos, forman una estampa que a ojos estadounidenses podría recordar al Ku Klux Klan, aunque estos atuendos son muy anteriores a ese grupo y responden a tradiciones de penitencia arraigadas en España. También hay estampas de elegancia clásica, como mujeres con mantilla negra a las puertas de templos como la Basílica de la Macarena.
Entre la fe y la identidad, entre la devoción íntima y el espectáculo urbano, la Semana Santa de Sevilla sigue marcando el calendario y el carácter de la ciudad. Para los creyentes, es un acto de penitencia y esperanza. Para muchos otros, una cita emocional, sonora y visual que, año tras año, vuelve a poner a la ciudad en movimiento.
