La RFEF advierte a aficionados por cánticos islamófobos en un España–Egipto: qué implica para el Mundial 2026

El último amistoso de España antes del verano, un 0-0 contra Egipto en el RCDE Stadium de Barcelona, quedó eclipsado por cánticos islamófobos entonados por parte de la grada. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) emitió avisos por megafonía para que cesaran, pero la consigna continuó durante fases del encuentro.
El cántico, “Musulmán el que no bote es”, fue escuchado de manera reiterada en el estadio y generó condenas por su carácter discriminatorio. La frase, que reduce a una burla la identidad religiosa, convirtió un trámite de preparación en una polémica que abrió un debate incómodo a las puertas de una gran cita internacional.
Entre las reacciones, el internacional Lamine Yamal se pronunció en redes sociales sobre los gritos dirigidos a su fe, calificándolos de irrespetuosos e intolerables. El joven futbolista puso el foco en que el fútbol no puede ser plataforma para discursos de odio.
El episodio llega en un momento en el que la FIFA ha reforzado su enfoque contra el racismo y la discriminación. De acuerdo con los procedimientos anunciados por el organismo, en caso de incidentes de este tipo los árbitros pueden interrumpir el juego para lanzar advertencias por megafonía y, si los comportamientos persisten, llegar a suspender o abandonar el partido.
Las federaciones también se exponen a medidas disciplinarias si no controlan conductas discriminatorias de su afición. El asunto planea sobre el horizonte inmediato de la selección. España iniciará la fase de grupos del Mundial de 2026 con dos partidos en Atlanta, en el Mercedes‑Benz Stadium.
Una repetición de episodios como el vivido en Barcelona podría acarrear parones o sanciones en plena Copa del Mundo, con impacto deportivo y reputacional. El fútbol español viene de varios casos de alto perfil relacionados con abusos racistas en los estadios, que han desembocado en interrupciones y pesquisas.
El amistoso ante Egipto reavivó el debate y añade presión a federaciones y organizadores para garantizar que, de cara a 2026, los protocolos se apliquen con firmeza y el foco permanezca en el juego.
