Iván Cepeda dice que “llegó la hora” de debatir, pero limita el reto y reaviva cuestionamientos

Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, anunció este fin de semana que “llegó la hora” de participar en debates con los demás aspirantes a la presidencia de Colombia. La señal marca un giro en su estrategia tras meses de negarse a esos espacios por considerar que derivan en “shows”, “estridencias” y “manipulación mediática”.
La decisión llega con matices. Cepeda planteó un reto acotado: convocó a “la extrema derecha” —en sus palabras—, específicamente a la senadora Paloma Valencia y al abogado Abelardo de la Espriella, a debatir sobre “propuestas de fondo, visiones de país y modelos de desarrollo y de equidad social”.
Incluso esa invitación la leyó, un gesto que, según sus críticos, acentúa la imagen de un candidato poco dado a la improvisación. En el trasfondo late un reclamo más amplio: en una democracia, los debates son un deber de los aspirantes, más allá de los escenarios controlados como mítines propios donde solo hay vivas y aplausos, sin preguntas incómodas ni críticas argumentadas.
Mientras Cepeda se había negado sistemáticamente alegando el riesgo de manipulación de los medios, algunos de sus rivales han justificado ausencias puntuales por problemas de agenda, sin cuestionar la dinámica ya habitual de los cara a cara.
A juicio de sus interlocutores políticos, hoy lo empujan al menos tres fuerzas: el cálculo de que, a siete semanas de la primera vuelta, es momento de confrontar a sus contendores y ganar exposición mediática; las exigencias de sus oponentes y de la opinión pública, que reclaman su presencia en los pocos escenarios ya abiertos; y la presión dentro del propio Pacto Histórico, donde varios quieren verlo defender sus tesis cuando enfrenta preguntas y réplicas.
El costo de no hacerlo ya se siente. Sectores del país observan con escepticismo que sea el presidente Gustavo Petro, a través de X, y María José Pizarro, su jefa de debate, quienes salgan a hablar por él en los medios. Su ausencia —pese a que va punteando en encuestas— de espacios distintos a su entorno cómodo, y el hecho de que lea sus discursos en campaña, alimentan la idea de que evita los debates porque se siente vulnerable.
Su reto a Valencia y De la Espriella eleva la expectativa: ¿cómo responderá Cepeda, sin el soporte del papel, cuando organizadores o contrincantes lo interpelen sobre los temas en los que ha fracasado el Gobierno Petro, un proyecto que, según ha dicho, pretende continuar si llega a la Casa de Nariño?
Ese será el verdadero termómetro de su disposición a medirse en debates abiertos y de fondo.
