Contaminación del agua alarma a Bucaramanga: Ideam reporta más del 40% de estaciones afectadas

Más del 40% de las estaciones de monitoreo en Colombia presentan algún grado de contaminación y casi la mitad de las aguas residuales domésticas e industriales no recibe tratamiento, según un informe reciente del Ideam.
En Bucaramanga y su área metropolitana, la preocupación por la calidad del agua crece a medida que esta realidad nacional se refleja en fuentes clave y en efectos que van desde la disponibilidad de alimentos hasta el presupuesto de los hogares.
Ríos vitales como el Suratá, que abastece a buena parte de la ciudad, y el río de Oro, receptor de descargas domésticas, enfrentan fuertes presiones por el crecimiento poblacional y la actividad industrial. De acuerdo con el panorama descrito, estas cuencas cargan con residuos orgánicos y metales pesados, una combinación que compromete su salud ecológica y su función como fuentes de agua para consumo y uso productivo.
La situación se agrava con la minería ilegal, que afecta a varias zonas de Santander y contamina las fuentes hídricas con mercurio y otros químicos. A ello se suman la deforestación y la expansión de la agricultura y la ganadería sin control suficiente, que deterioran las cuencas que alimentan los acueductos.
“Si no tenemos árboles ni cobertura vegetal, los residuos del suelo terminan llegando a las cuencas hídricas y se pierde la capacidad del suelo para retener el agua”, señaló Melizza Ordoñez, directora del Departamento de Ingeniería Ambiental de UNIAGRARIA. La experta agregó que la falta de planificación urbana y, en el fondo, de conciencia y educación ambiental, también está detrás del deterioro.
El impacto ya se siente en el campo. El sector agropecuario, clave para el abastecimiento de Bucaramanga y su área metropolitana, utiliza alrededor del 40% del agua captada en el país y es de los primeros en resentir la escasez. Cuando el recurso falta, cae la productividad de los cultivos, suben los costos de riego y se pierden cosechas, efectos que se agudizan durante fenómenos como El Niño, que ha golpeado a la región.
Un río contaminado no solo daña la biodiversidad: también afecta directamente la producción de alimentos y, por ende, la calidad de vida. Menos agua o agua de mala calidad reduce la oferta de comida en el mercado, arrastra menores rendimientos agrícolas, disminución de ingresos para los campesinos, posibles migraciones del campo a la ciudad y menos disponibilidad para actividades esenciales como la ganadería o la industria en Santander.
Toda la cadena productiva se ve comprometida. Frente a este panorama, Ordoñez subrayó la importancia de la educación ambiental como punto de partida. Según dijo, cuando las personas comprenden el valor del agua, aumentan las posibilidades de que se involucren en su protección, un paso clave para asegurar el futuro hídrico de Bucaramanga.
