Cauca, en el centro de la contienda: conflicto territorial y liderazgo indígena pesan en las presidenciales

En el sur de Colombia, el Cauca se ha convertido en uno de los puntos de mayor atención de cara a las elecciones presidenciales. Con un historial de disputas por la tierra y control territorial, la región es también el escenario donde confluyen agendas étnicas, campesinas y urbanas.
En los sondeos más recientes, dos fórmulas aparecen como eventuales aspirantes a la segunda vuelta: Iván Cepeda y Aida Quilcué por el Pacto Histórico, y Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo por el Centro Democrático.
Con 29.308 kilómetros cuadrados, 41 municipios y alrededor de 1,6 millones de habitantes, el Cauca ocupa una posición estratégica: enlaza las cordilleras Central y Occidental con el océano Pacífico y forma parte del macizo colombiano, una estrella hídrica de la que nacen ríos como el Cauca y el Patía.
A esta geografía singular se suma una riqueza biológica notable: se estima que allí vive alrededor del 58% de las especies de aves registradas en el país. Esa superposición de territorios y poblaciones ha sido terreno fértil para tensiones que vienen de lejos.
El escritor Juan Esteban Constaín describió al Cauca como el lugar donde “se concentran [...] todos los conflictos de la historia de Colombia: el conflicto étnico y el conflicto de clase, el conflicto por la tierra y el conflicto político y militar por el control territorial”, en una columna publicada en el periódico El Tiempo.
En este contexto, Aida Quilcué —lideresa indígena del pueblo Nasa, perteneciente al resguardo Piçkwe Tha Fiw en el municipio de Páez— ha sido una voz persistente por los derechos de los pueblos originarios.
Con trayectoria en la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) y el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), es senadora desde 2022 por la circunscripción especial indígena con el partido MAIS y actualmente acompaña a Iván Cepeda como fórmula a la Vicepresidencia.
Quilcué ha centrado parte de su activismo en la búsqueda de la paz, en memoria de su esposo, Edwin Legarda, asesinado en 2008 por miembros del Ejército, según un fallo de la Justicia.
“Represento la lucha y la resistencia de los pueblos indígenas, los pueblos negros, campesinos, mujeres, estudiantes, jóvenes, niños y niñas, población diversa, todos quienes hemos sido excluidos histórica y milenariamente”, dijo el 12 de marzo al anunciar su aspiración.
Desde el Senado, ha insistido en que “esa violencia del Cauca no siga cobrando vidas” y en la necesidad de buscar mecanismos para proteger la vida. Mientras avanza la contienda, la convulsa realidad del Cauca —con sus disputas por la tierra, su diversidad étnica y su valor estratégico— ha tomado especial relevancia en la opinión pública.
Allí se miden promesas y trayectorias en torno a la seguridad, la memoria y la inclusión, temas que, según las voces que emergen desde el territorio, seguirán marcando el pulso de la campaña.
